Repulsiva impunidad
Autor: Gabriel Torres Espinoza
Fecha de publicación: Febrero del 2007
medio: revista etcétera
Ayer, Carlos Marín, director general editorial de Grupo Milenio, escribió sobre la impunidad periodística. Recordó la “canallada que hace diez años perpetraron dos corresponsales del The New York Times” contra un destacado político mexicano, a quien implicaron, sin ningún elemento de prueba, en supuestos delitos contra la salud y afectaron su reputación, puesto que muchos otros medios de comunicación dieron por buena la versión de estos dos comunicadores sin verificar o investigar las fuentes citadas por los periodistas. En la colaboración que aparece íntegra en portada de Público-Milenio, Marín ejemplifica dos casos más que hoy ocurren en México como botón de muestra de la aludida mal práctica periodística. Pues ayer mismo, uno de esos claros ejemplos se dio cita en la página 3 de este mismo diario, desde luego, con la “repulsiva impunidad” a la que se refiere Marín. Resulta de lo más oportuno que sea el propio director general de Milenio el que señale que “mañana será el turno de otras víctimas idóneas del periodismo carroñero contra el que nadie se atreve porque goza de la mayor y más repulsiva impunidad”. Un trascendido es un hecho no verificable. Para publicarse como trascendido debe haber, al menos, algún dato que permita presumir que el hecho ocurrió como se describe. La gran mayoría de las veces esos trascendidos son producto de datos que presumen que el hecho mencionado ocurrió así. Una buena práctica periodística consiste en buscar contrastar siempre la información, tomar la versión del aludido para sopesar la veracidad de ésta antes de publicarla (lo que no ocurrió ayer, ni por error). Otros sin embargo, deciden publicarla, pues si la contrastan, “la nota se les cae” al darse cuenta de la falsedad o de que se trata de una verdad a medias. Se saca más provecho de injuriar y después, con mucho trabajo y justo reclamo de por medio, aclarar en algún lejano rincón del diario sin dejar mucha evidencia del abuso cometido para “no perder credibilidad”. Generalmente el medio no se equivoca, y si ocurre en muy contadas ocasiones está dispuesto a rectificar. Público-Milenio lo ha hecho, hay que decirlo. Afortunadamente algunos diarios como éste cuentan con la figura del defensor del lector, quien equilibra el quehacer periodístico al hacer recomendaciones y observaciones al trabajo de quienes tenemos el privilegio de opinar o escribir para los lectores. En una época en donde el ejercicio del periodismo libre es apenas incipiente y donde los equilibrios sólo se alcanzan por la búsqueda de la credibilidad en la audiencia, las reflexiones de Carlos Marín son de la mayor importancia, pues es también cierto que por incrementar la audiencia los medios caemos con mucha frecuencia en abusos impunes, o se usa el anonimato de una columna para “tirar la piedra y esconder la mano”. La delicada tarea del periodismo, para quienes presumen serlo, debe significar una mayor documentación y verificación de lo que se dice, sobre todo cuando se publica en una columna que no se firma, lleva la fuerza del diario y la ventaja del anonimato.
COMENTARIO: bueno creo que la impunidad es algo que venimos cargando no solamente en ambito periodistico si no que convivimos con ella todos los dias forma parte de nuestra vida en algunos casos en poco visible sin embargo las personas encargadas de informas las cosas son los que muchas veces la comenten pero como saber cuando es verdad o es una simple mentira es algo que no se puede saber con facilidad pero creo que si como expectadores analizaramos mas las cosas sin ser manipulados por los encargados de decir la verdad esta fuera mas visible.

